
Estar tumbada en la cama, sin hacer nada, puede parecer a priori, una pérdida de tiempo, pero como es "mi tiempo" reivindico mi derecho a perderlo como quiera.
Sin embargo, lejos de ser una actividad insustancial, suele conducirme a interesantes conversaciones conmigo misma que siempre resultan interesantes y cuando menos, amenas. No sé por qué... en una de esas sesiones de auto reflexión, pensé en una película malísima, alemana, que se basaba en el libro de "Por qué las mujeres no entienden los mapas y los hombres no saben escuchar",o viceversa.... Desde mi punto de vista, lo que no entendemos las mujeres es por qué los hombres se ponen histéricos cuando se pierden y te dicen aquello de ... mira el mapa y díme dónde estamos.
Y tu mente vuela a esa situación y te encuentras en medio de la nada con tu "churri" al volante y tú con una coraza de paciencia a punto de resquebrajarse después de, sólo, dos horas de viaje en coche. Miras alrededor y ves una carretera larga, unas cuántas montañas, cuatro ovejas que te observan y una vaca un poco más allá. Coges el mapa, lo despliegas, como puedes intentas apoyarlo sobre el salpicadero del coche y notas la mirada inquisitiva del que está al volante, que nada más abrir el mapa te pregunta ¿dónde estamos?. Mientras haces caso omiso a la pregunta que, a todas luces, es obvio que no puedes contestar porque aún no has acabado de poner el mapa derecho (y él lo sabe porque no te quita la mitad del ojo derecho de encima), te intentas concentrar en aquella especie de sábana santa que tienes delante y piensas.... éste se creerá que tengo a las cuatro ovejas y a la vaca dibujadas en el mapa y que esto es como el libro de encuentra a Wally. Buscas referencias.......... y "referencias cero", la nada carece de referencias, respiras, haces un "OM", lo miras, intentas que tus músculos faciales generen algo parecido a una mirada comprensiva y amable y le dices... no lo sé, y añades para subrayar tu intención de no generar una guerra, cielo. En ese crucial momento donde la tensión se podría cortar con un cuchillo, se cumple la maldición del libro, tú no sabes interpretar un mapa y él "no te escucha"... ¿pero cómo que no lo sabes? (te contesta subiendo dos tonos la voz)... mira el mapa. Ahí la situación puede tomar dos vertientes completamente distintas dependiendo del tiempo que lleves con el ser humano del otro sexo que está contigo en el coche.
Si llevas mucho tiempo, le sueltas cualquier improperio, le recuerdas que hace dos kilómetros le dijiste que le preguntara al señor que estaba arando un campo y él se negó, y por si no has fastidiado bastante, agregas, "te lo dije", lanzas el mapa al asiento trasero y le dices, para y encuéntrate tú (eso último con doble sentido).
Si llevas poco tiempo, recuerdas que antes de conocerlo y elegirlo, después de un depurado período de selección al que presentaron su candidatura varios capullos, algún que otro oganismo aneuronal y varias subespecies difíciles de clasificar, lo miras con todo el amor que eres capaz de reflejar en tu cara y con tu voz más dulce y sensual le dices, cariño, seguro que vas bien, tú nunca te pierdes, sigamos por aquí y en cuanto encontremos algún cartel o algún pueblo buscamos esa referencia en el mapa. Y de repente... la maldición, se diluye y desaparece, tú entiendes los mapas y él te escucha (y además te encanta como besa).

